El hogar de Bill se vio inundado
de alegría y ansiedad que derramaban sus amigos, listos con sus maletas en mano
esperaron a que el “Señorito” de la casa (apodo puesto por su mejor amigo: Geo)
bajase a unirse a su diversión.
Las vacaciones se habían
adelantado debido a un malentendido en la fecha oficial y no quisieron desaprovechar tal situación.
Después de unos minutos de espera,
un chico de estatura elevada observaba la escena con gusto y disgusto a la vez,
ocultándose tras unos pequeños arbustos que dejaban admirar la hermosa
decoración del interior de aquel hogar, pronto una figura masculina llegó al
primer piso, dejando relucir la figura bien tonificada cubierta por un delicado
vaquero de piel, una muy bien puesta camisa color negra de manga larga y sus
destacados tacones que por gusto se dejaba lucir, su vestimenta también era acompañada
de un exquisito aroma: Vainilla, que le daba una pizca de elegancia y
romanticismo.
Los ojos de dos sujetos en particular se deleitaron ante tal
belleza: uno sonreía feliz y le tomo de la mano para salir rumbo a sus
vacaciones; otro se limpiaba las lágrimas que desfilaban muy gustosas de su
existencia sobre sus mejillas maltratadas al observar la felicidad que fluía de
aquella pareja enamorada, sintiendo unas terribles ganas de llorar, espero a
que el interior de dicha casa se encontrara vacía.
Adentrándose muy quitado de la
pena por el gran ventanal trasero, recorrió cada rincón del hogar de su pequeño
Bill, indago por los largos y elegantes pasillos con sumo cuidado, para evitar dejar
alguna pista de su inesperada visita, regresó a la pequeña sala principal y se
encontró con un diminuto bolso, al parecer su dueño le había olvidado hace unos
instantes. Muriéndose de curiosidad por saber sí le pertenecía a su amado,
camino decidido a tomarlo, pero al escuchar el discreto sonar de unos tacones
le obligaron a buscar un escondite en menos de 3 segundos, cuando al fin se
encontraba protegido, la puerta de roble se abrió dándole la bienvenida a Bill.
-sabía que te había dejado aquí…-
Sin resistirse, miro con encanto
la sonrisa que se escapaba por los labios del joven enamorado, y aprovechando
de que este se encontraba de espaldas a él, se acercó sutilmente con
intenciones de recibirle con un gran
abrazo y por supuesto con un placentero beso que hacía años echaba de menos.
Sintiéndose algo hambriento, Bill
dio vuelta mirando hacia donde hace unos milisegundos se encontraba maravillado
su espectador que ahora estaría oculto tras un enorme pilar que decoraba la
base de las escaleras, se dirigió a la cocina en busca de unos bocadillos para
el viaje; regreso por sus pasos pero antes de salir, se detuvo un instante para
liberar desde el fondo de su ser tres simples palabras que hirieron como dagas
al sujeto que le vigilaba sigilosamente.
-¡Te amo Andrew!-expreso encantado
y finalmente regreso a donde sus acompañantes le esperaban nuevamente deseosos
de poder partir a la playa.
-Bill tardas mucho…-
-perdón, es que pase por unos
dulces-
-te perdono sí me das uno-
-¡Claro!-
Después de unos minutos de
fiesta, abordaron la pequeña camioneta que les acompañaría a su inolvidable
viaje, en todo el camino, Corie junto con Andrew acoplaban sus dedos en la
guitarra para hacer más divertido el viaje, buscaron interpretar algunas
melodías y canciones, pero al ver la incongruencia de sus ideas, optaron por
cantar lo que les llegase a su mente.
Mientras Andrew, Corie, Georg y
Raquel descansaban un poco, Bill platicaba muy fascinado con Gustav quien por
cierto había suplido a Georg para manejar, su conversación era acerca de la
gran cabaña que les aguardaba en “Agua azul”.
-¿crees que el clima este bueno?-
-claro, no ha dejado de hacer sol
en tres meses y es verano-
-eso espero…-
-¿te sientes bien?- pregunto
Gustav al notar lo pálido de su rostro.
-sí, es solo que hace unas horas,
cuando regrese por mi bolso a casa, percibí un olor… un aroma que hacía años no
lo había vuelto a oler… fue raro-
-¿y que era?... por tu aspecto
diría que daba asco…-
-para nada, es solo que medio un
tipo de ansiedad…- cayo unos segundos pero finalmente sonrió cambiando de tema-
¿falta mucho para llegar?-
-para nada, solo 10 minutos…-
-¡estoy ansioso!- soltó enérgico
buscando controlarse.

Holaaaa!!! ya lei y lo recordè!!! Gracias por publicarlo OTRA VEZ!!! Quede muy intrigadaaa!! Cuidate :) ♥
ResponderEliminar